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jueves, 21 de febrero de 2013
lunes, 26 de noviembre de 2012
martes, 20 de noviembre de 2012
martes, 23 de octubre de 2012
lunes, 6 de agosto de 2012
miércoles, 25 de julio de 2012
martes, 24 de julio de 2012
martes, 17 de julio de 2012
Como si España hubiese perdido en las Navas de Tolosa
Algunos personajes públicos y muchos políticos son más horteras que recasarse en Ladispoli estando ya casado, sin tener ninguna relación con el sitio y sólo por fardar de La Vecchia Posta en las revistas. Mucho más chabacanos que una reboda por el rito maya, ya les digo. Cursis hasta decir basta, a algunos de ellos y sus ilustres estirpes parece sobrarles el tiempo y el dinero. Su interés por "la degradación cultural española" no les alcanza, sin embargo, para participar como es debido en la conmemoración de los 800 años de la batalla de las Navas de Tolosa. Si algo tienen en común todos los actos, sesiones y conferencias que se han convocado este mes a propósito de tan decisivo aniversario es que los principales políticos, los más representativos, las grandes instituciones, han tenido otras cosas que hacer. Algunos como la Junta de Andalucía hasta han dedicado dinero público a lamentar la derrota almohade.
Y lo gracioso es que, sin la victoria de los españoles en julio de 1212, no existiría ninguna de las instituciones que en 2012 ha considerado más importantes sus componendas, pillajes, vergüenzas y desvergüenzas, y hasta conmemorar la Constitución de Cádiz o la incorporación final de Navarra a la Corona. En las Navas no se dirimió un equilibrio circunstancial de poderes y riquezas, sino un enfrentamiento directo entre dos civilizaciones, en la vanguardia de una de las cuales estaba España. Por cierto que en la vanguardia de la vanguardia, es decir al frente de la hueste central cristiana, estaba el señor de Vizcaya, don Diego López de Haro, fiel vasallo de su señor el rey de Castilla como (casi) siempre han sido los vascos.
Ha habido conmemoraciones, claro que sí, más privadas que públicas y más locales que nacionales, en Las Navas de Tolosa, en Roncesvalles, en Aldea del Rey y hasta en Pamplona. Pero ha faltado la Corona, ha faltado el Gobierno y en consecuencia los políticos de primera fila se han dedicado a otras actividades veraniegas, como les digo ririrafes internos, vacaciones, bodas, pleitos, congresos y hasta sanfermines aparte de otras cursiladas, porque para todo eso sí había tiempo y dinero. Nadie recordó el pasado día 10 que era el aniversario de la muerte del Cid Campeador, Rodrigo Díaz de Vivar; las autoridades locales comentan con decepción que ha vuelto a pasar lo mismo que al conmemorarse en 2008 el aniversario de la batalla de Bailén; así que en el fondo no debe sorprendernos que se haya dejado al pueblo solo para celebrar el recuerdo de aquella batalla decisiva de la Cristiandad española.
Todas las comunidades humanas necesitan, si han de perdurar, unos mitos compartidos que vertebren su identidad. Podemos discutir sobre los matices de esto cuanto ustedes quieran, pero no deja de ser verdad. Lo peculiar de España es, si acaso, que ha hecho mitos acontecimientos históricos que no necesitaban cambios para retratar la personalidad colectiva de muchos siglos y generaciones. Quizá por eso entre nosotros no hay más dragón que el de Montserrat, y por eso no hemos necesitado una construcción tan imaginativa como la de Israel ni tan endeble como las de casi todos los Estados surgidos en el último siglo, o dos. Mitos, sin duda, pero fundados en hechos, desde Numancia a Pompeyo, de Recaredo a don Pelayo, del Cid a las Navas, de Caspe a Granada, y así. Y por eso mismo la negación y destrucción de la identidad española tiene un problema particular, que es que no basta a sus enemigos identificar sus mitos y calificarlos como tales, sino que han de promover la negación y el olvido de la verdad histórica.
Antes ya de que existiese el concepto moderno de nación existía España, y era la memoria de las Navas un pilar de su identidad. Un mito, sí, pero uno que no necesitaba como otros temer la investigación histórica sino, al revés, podía permitirse promoverla. De hecho, es muy de notar que hasta la Constitución vigente reconoce, y no pretende crear, esa identidad y esa unidad: «La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles»; de los españoles, no de sus representantes, ya que «la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado». Defender los cimientos de esa unidad no es por tanto para ninguna autoridad pública una opción, sino un deber, puesto que sin tal identidad desaparecería la legitimidad misma de todos los cargos, carguitos y cargüelos.Las Navas de Tolosa era una batalla debidamente recordada en nuestras escuelas, pero no lo es ya en los planes de estudios que padecemos, donde todo lo precontemporáneo y no sectario es despreciado. Las Navas de Tolosa era una batalla conmemorada sin interrupción en toda España y aún fuera de ella, puesto que españoles de todas partes vencieron allí juntos y todos sus descendientes nos beneficiamos hasta el día de hoy de aquella victoria; ya no es así, puesto que se miente sobre lo que pasó o sencillamente se niega y olvida, para dar aliento a mitos e identidades sin fundamento en el pasado pero con sustento en los nuevos reinos de Taifas en que vivimos.
Europa, nos dicen, ha entrado en la era post-nacional "exaltada por los herederos de la reconstrucción y por los turiferarios del patriotismo constitucional teorizado por Jürgen Habermas, obsesionados por la ideología del mestizaje, que persiguen todas las formas de culturalismo o de esencialismo, invocando el advenimiento de una Europa desencarnada, dirigida por un universalismo abstracto". Como recordaba Jean de Lothier en el último número de Diorama Letterario, la nación moderna sirvió en sus orígenes al liberalismo, pero en las últimas décadas, en general, tanto el socialismo marxista como el liberalcapitalismo han optado por lo genéricamente humano y por la negación de las identidades naturales; en consecuencia, han empezado por negar los hechos y los mitos fundacionales de tales identidades en la tradición europea.
En consecuencia, ante las Navas, negar lo que sucedió, falsificarlo o relegarlo a un rincón de la vida colectiva no es sino un paso más hacia la destrucción de la identidad española, antesala de la reducción de Europa a un inmenso rebaño de individuos hipotecados, dispuestos a llamar libertad a su sumisión individual e irreversible y a su falta de verdaderas libertades. Don Claudio Sánchez Albornoz identificó España con una permanente opción por lo cristiano, lo europeo y lo occidental, de la que esta batalla no es sino una muestra grandiosa. Desde luego que a las distintas formas de materialismo actual, incluso el de nuestros personajes y políticos, conviene más el individualismo de Américo Castro. Sólo que no tenía razón.
Por todo esto, por su honradez ante el sectarismo, hay que agradecer entre todos los actos que a pesar de todo este año se han hecho en recuerdo de las Navas, las conferencias y monumentos promovidos por la Asociación Memoria Navas de Tolosa, que empezó su tarea en La Carolina el 6, 7 y 8 de julio. Justamente porque, ausentes los grandes, vestidos quizá de nuevo de catetos camareros para algún festejo palmesano, se decidieron a cumplir la tarea que a aquellos tocaba, sin conformarse con pequeñeces localistas y minucias eruditas como en otros casos se ha hecho. El trabajo de esta Asociación en este Octavo Centenario tendrá su recompensa en ser los que más y mejor no sólo han recordado a Alfonso VIII, Pedro II y Sancho VII, por cierto descendientes directos todos de Sancho III de Pamplona, sino que han ofrecido un camino para continuar su tarea. Que es de lo que se trata.
lunes, 16 de julio de 2012
martes, 26 de junio de 2012
Nino Bravo - Libre
La canción habla del primer alemán que murió intentando atravesar el muro de Berlín.
Peter Fechter obrero de la construcción de 18 años intentó huir junto con un amigo y compañero de trabajo Helmut Kulbeik. Tenían pensado esconderse en el taller de un carpintero, cerca del muro, y tras observar a los guardias de la "frontera" alejándose saltar por una ventana hacia el llamado "corredor de la muerte" atravesarlo corriendo y saltar por el muro cerca del Checkpoint Charlie a Berlín Oeste.
Hasta llegar al muro las cosas salieron bien, pero cuando se encontraban arriba a punto ya de pasar al otro lado los soldados les dieron el alto y a continuación dispararon. Helmut tuvo suerte Peter resultó alcanzado por varios disparos en la pelvis, cayó hacia atrás y quedó tendido en el suelo en la "tierra de nadie" durante cincuenta angustiosos minutos moribundo y desangrándose a la vista de todos sin que nadie hiciera nada.
Gritó pidiendo auxilio pero los soldados soviéticos que le habían disparado no se acercaron, lo único que pudieron hacer los soldados americanos fue tirarle un botiquín que no le sirvió de ayuda, ya que sus graves heridas internas le impedían moverse y poco a poco fue perdiendo la consciencia. Durante casi una hora los ciudadanos de ambos lados de Berlín contemplaron impotentes su agonía gritando a los soldados de ambos lados para que le ayudasen.
Pero ambos bandos tenían miedo de que los del otro lado les disparasen como había pasado en otras ocasiones anteriores aunque ninguna en una circunstancia tan perentoria como esta y a las dos del mediodía, con tantos testigos presentes, incluyendo periodistas en el lado occidental.
Los soldados del lado oriental, zona a la que pertenecía en realidad la "tierra de nadie", tampoco le ayudaron y no se acercaron hasta pasados 50 minutos, seguramente para que sirviera de ejemplo para cualquier otro que pensase huir.(Aún así, entre 1961 y 1989 murieron más de 260 personas sólo intentando cruzar el Muro; además de los que murieron al querer cruzar la frontera entre las dos Alemanias, ya no hablemos de los que estuvieron en la cárcel por intentarlo, o por ayudar a otros).
Cuando por fin se acercaron los soldados de la RDA y se lo llevaron, los ciudadanos de ambos lados gritaron repetidamente "¡asesinos, asesinos!". En el lado occidental, se sucedieron las protestas y las manifestaciones los días siguientes y los habitantes del Berlín Oeste comprendieron claramente lo difícil que sería para sus familiares y amigos del Berlín Este el intentar escapar. Asimismo, también se dieron cuenta, decepcionados, de que los soldados americanos, en pleno auge de la Guerra Fría, no harían nada para ayudarles en circunstancias similares. Fue un duro golpe para la esperanza de los berlineses.
La canción, escrita diez años después de los hechos recoge una historia que todavía hoy es símbolo de la crueldad humana. En el lugar donde murió Peter Fechter, se levantó en 1990 un monumento. Ya en 1997 dos antiguos soldados de la RDA fueron juzgados y admitieron haber disparado contra Peter Fechter. Se les declaró culpables y fueron condenados a un año de cárcel. En el juicio el forense declaró que toda ayuda hubiera sido inútil, ya que la gravedad de las heridas le hubiera causado la muerte en cualquier caso.
La canción es símbolo de todo el pueblo alemán que soñó con huir ya que si Peter fue la primera víctima del muro, el último, Chris Gueffroy, en 1989, tenía precisamente veinte años...
sábado, 23 de junio de 2012
Desde pintan-bastos llega...

La muerte del dramaturgo Pedro Muñoz Seca es una de las páginas más oscuras de la Guerra Civil Española. Su fantasma, encarnado con los ropajes de su personaje más célebre, Don Mendo, persigue en el Madrid de la época a quien cree culpable directo de su fusilamiento: un joven socialista a punto de cambiar su credo al comunismo llamado Santiago Carrillo.
¿Cuál fue la responsabilidad real del joven Santiago en los crímenes de Paracuellos? El espectro de Muñoz Seca se materializa para averiguarlo y, de paso, llevar a cabo su venganza: la venganza del padre de Don Mendo.
Fuente: Pintan-bastos.
lunes, 4 de junio de 2012
Pelearon todos...
"Pelearon todos, desde el duque de Alba, grande de España a Pizarro, guardador de puercos. Pelearon hidalgos y labriegos, pastores y burgueses, bachilleres y magnates, clerigos y pícaros, escribanos y caballeros. Pelearon los hijos de todas las regiones de España. Pelearon Garcilaso, Ercilla, Cetina, Alcazar, Cervantes, Lope de Vega, Calderón, peleo un pueblo entero sin distinción de clases, patrias, quehaceres, profesiones o riquezas.
Pelearon sobre los Andes y al pie de los Alpes, en las llanuras del Po y en la altiplanice mejicana, junto al Tiber, frente al Papa, y junto al Mapocho, frente a Arauco, a orillas del Río de la Plata y del Danubio, del Elba y del Tajo, del Orinoco y del Escalda, en Pavía y en Cuzco, en las Alpujarras y en las selvas amazónicas, en Túnez y Amberes, en el golfo de Lepanto y ante las costas de Inglaterra, en Navarino y en las Terceras, en la Goleta y en la Habana, en Argel y en Filipinas, en Lombardia, en Napoles, en los cuatro puntos cardinales de Francia, y en los Países Bajos, en Portugal, en África, en Alemania y en Irlanda...Fueron decenios y decenios de duros y ásperos combates en los mas variados y alejados teatros de batalla, contra los mas diversos pueblos y en todos los climas, culturas y mares de la tierra."
sábado, 19 de mayo de 2012
Libertad sin ira.
Aquí tenemos un documento inédito de 1936, en plena Guerra Civil en Toledo. Podemos observar la brutalidad con la que actuaban los milicianos.
En el texto se puede diferenciar lo siguiente:
"Vale seis porvos con la Lola para las Milicias. No se puede transferir."
Fuente: http://www.madridantiantifa.es/
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sábado, 14 de abril de 2012
lunes, 13 de febrero de 2012
Dresde en el recuerdo.

Hoy se cumplen 67 años del bombardeo sobre la ciudad alemana de Dresde. Poco se ha oído hablar de este hecho, pero fue un bombardeo sobre población civil que realizaron los Aliados cuando la guerra ya estaba totalmente decidida. Fue una maniobra militar realizada por los ingleses y norteamericanos en forma de escarmiento contra Alemania.
Este hecho histórico ha sido totalmente silenciado por los medios de comunicación actuales mientras continuamente nos recuerdan las víctimas que todos ya sabemos. En un ejercicio de ética y sentido común estas personas también deberían ser recordadas, ya que no son menos importantes que el resto.
Respecto a la cifra de muertos, ha habido mucha polémica como suele ser normal con estos temas. Siempre se ha estimado sobre 300.000 personas aunque recientemente un grupo de investigadores alemanes ha intentado rebajar esta cifra a 25.000 con claros intereses políticos.
Al margen de polémicas absurdas e interesadas, queremos rendir un homenaje a todas estas personas inocentes que perdieron su vida en este triste suceso. Nunca serán olvidados por mucho que el sistema "democrático" trate de ocultar estos hechos.
domingo, 29 de enero de 2012
Eva Perón.

1º de Mayo de 1952 - Discurso de Eva Perón.
Mis queridos descamisados:
Otra vez estamos aquí reunidos los trabajadores y las mujeres del pueblo; otra vez estamos los descamisados en esta plaza histórica del 17 de octubre de 1945 para dar la respuesta al líder del pueblo, que esta mañana, al concluir su mensaje dijo: "Quienes quieran oír, que oigan, quienes quieran seguir, que sigan". Aquí está la respuesta mi general. Es el pueblo trabajador, es el pueblo humilde de la patria, que aquí y en todo el país está de pie y lo seguirá a Perón, el líder del pueblo, el líder de la humanidad, porque ha levantado la bandera de redención y de justicia de las masas trabajadoras; lo seguirá contra la opresión de los traidores de adentro y de afuera, que en la oscuridad de la noche quieren dejar el veneno de sus víboras en el alma y en el cuerpo de Perón, que es el alma y el cuerpo de la patria. Pero no lo conseguirán como no han conseguido jamás la envidia de los sapos acallar el canto de los ruiseñores, ni las víboras detener el vuelo de los cóndores. No lo conseguirán, porque aquí estamos los hombres y las mujeres del pueblo, mi general, para custodiar vuestros sueños y para vigilar vuestra vida, porque es la vida de la patria, porque es la vida de las futuras generaciones, que no nos perdonarían jamás que no hubiéramos cuidado a un hombre de los quilates del general Perón, que acunó los sueños de todos los argentinos, en especial del pueblo trabajador.
martes, 24 de enero de 2012
"El arroyo de la Degollada".
Os traemos una fantástica leyenda de nuestra ciudad.Esta leyenda es la que da el nombre a este arroyo que desemboca en el río Tajo:
Festejaban aún los cristianos de Toledo la entrada victoriosa de Alfonso VI en la ciudad y vigilaban sus angostas calles patrullas de jinetes y soldados castellanos intentando evitar reyertas, cuando el joven y apuesto capitán leonés Rodrigo de Lara vio en un ajimez a una bellísima morita que miraba embelesada, sin cubrir su rostro, su esbelta figura y las cabriolas de su brioso caballo. Rodrigo quedó hechizado con su insinuante y dulce sonrisa y con la limpia mirada de sus rasgados y negros ojos, pasó dos veces más ante la casa, seguido de su escolta, y desde aquel día no dejó de rondar por aquella calleja con la esperanza de ver a la mocita agarena detrás de una baja celosía.
Zulema o Zahira (que así la han llamado quienes han soñado su nombre o han bebido en las antiguas crónicas) era hija de una hacendado musulmán que se afanaba en buscarle un rico marido. Vivía bajo su severa autoridad y poco sabía de la alegría y bullicio de las calles, ni de los aromas de rosas y jazmines que vendían los perfumistas en el zoco, pero la providencia había puesto a sus servicio una esclava cristianizada que le hablaba de Jesucristo y de la vida de Santa Casilda, y había brotado en su mente un vivo deseo de recibir el bautismo, tomando el nombre de la princesa de su raza que había abrazado la religión del Nazareno.
La fiel sirvienta, que conocía los anhelos de su joven ama, se hizo cómplice del caballero leonés y la reja de Zulema fue testigo de sus frecuentes y secretas visitas y del nacimiento de un romance lleno de ilusiones y de esperanzas.
Zulema habló a su enamorado de sus deseos de hacer cristiana, de llamarse Casilda y de tener a su lado a un hombre capaz de defenderla de la venganza que sufriría por su apostasía. Él le juró respetar su honra y casarse con ella y prepararon la fuga con la ayuda de la esclava. El padre de Zulema estaba ausente. Esperaron la noche, no había luna, las calles estaban desiertas y nadie acechaba desde las azoteas. Era el momento oportuno. Rodrigo aguardó en una esquina cercana. Embozado con su capa, subió a su amada a la grupa de su corcel y partieron a galope con ansias de llegar a la capilla de un castillo cercano, donde esperaba un sacerdote para bautizarla y celebrar las bodas. Al llegar al torreón de la cabeza del puente de Alcántara le dieron el alto los centinelas. El valiente leonés se presentó ante ellos como capitán de las mesnadas; se abrieron los portones a su paso y continuaron la marcha por el camino romano que los conduciría a su feliz destino.
Despuntaba ya el alba y cabalgaban confiados divisando a lo lejos las siluetas de la mezquita mayor y las torres del Alcázar, cuando salieron a su encuentro dos jinetes sarracenos que merodeaban por aquellos parajes. Al ver a una joven ataviada a la usanza musulmana, con pañuelo de fina seda en la cabeza, y los pies y manos alheñados con artísticos dibujos, montada a la grupa del caballo de un cristiano, pensaron que la llevaba cautiva y le increparon. El intrépido caballero no soportó la afrenta, clavó el acicate de su espuela en el flanco de uno de sus potros y trató de escapar emprendiendo una vertiginosa carrera perseguido por los agresores. Al llegar a la vaguada de la vertiente cercana al arroyo se precipitaron por los peñascales y al intentar cruzarlo cayeron a tierra. Los moros los alcanzaron y en la refriega uno de ellos dio un tajo mortal con su cimitarra en el esbelto cuello de Zulema.
La leyenda cuenta que el enamorado capitán no se amedrentó al ver malherida a su amada: sacó su lanza, mató al asesino y obligó a huir a su compañero. Al ver que Zulema tenía aún un soplo de vida se quitó el yelmo y la hizo cristiana con el agua del mismo arroyo, imponiéndole el nombre de Casilda, como ella había deseado. Después tomó su cuerpo inerte en sus brazos, lo puso sobre su corcel y continuó cabalgando...Al llegar frente a la torre de Hierro, que se alzaba próxima al embarcadero de la Virgen del Valle pidió socorro a los guardianes, atravesó el Tajo en la barca de pasaje que se hallaba en el lugar, y siguió la triste y lenta marcha para llevar a su amada a la iglesia mozárabe de San Lucas, donde recibió cristiana sepultura.
Pocos días más tarde tomaba el hábito de novicio en el monasterio cluniacense de San Servando un joven y apuesto caballero llamado Rodrigo de Lara, que no quería vivir en este mundo son tener a su lado a la mocita de sangre agarena que le había sonreído, un día, desde un ajimez de una casa musulmana; y dicen que el prior le concedía especial licencia para ir a rezar cada tarde a la orilla del arroyo donde había cerrado los ojos por última vez la mora-cristiana que quiso llevar el nombre de Santa Casilda.
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sábado, 21 de enero de 2012
sábado, 14 de enero de 2012
martes, 10 de enero de 2012
Así nos robaron Gibraltar

La reivindicación de Gibraltar ha sido una constante de la política española desde su pérdida en 1704 hasta nuestros días. La propaganda de una clase política bastante inculta ha tratado de imponer la idea de que reivindicar Gibraltar es algo “franquista”. Falso de toda falsedad: durante tres siglos, todos los gobiernos españoles, de derechas o de izquierdas, monárquicos o republicanos, han defendido la soberanía española. He aquí algunos testimonios:
Francisco Pi y Margall, presidente federalista de la I República: "La patria está encogida porque está cercenada con la exclusión de Gibraltar”. Emilio Castelar, presidente conservador de la I República: “Yo admiro mucho a la nación inglesa. Mas declaro que no puede ser nuestra aliada mientras posea Gibraltar”. Manuel Azaña, presidente del Gobierno de la II República: “Toqué la cuestión del Estrecho haciendo ver la importancia de asegurar su dominio, en caso de guerra. Examiné la cuestión de Gibraltar y dije al Consejo mi propósito de preparar desde el Ministerio de la Guerra los planes necesarios para tener aquel dominio”.
La traición de Rooke
Gibraltar es suelo español desde tiempos de los romanos. La captura británica de la roca fue un simple acto de piratería. Pero, ¿cómo sucedió?
Estamos en 1704. España sufre la Guerra de Sucesión. Carlos II, el último Austria, ha muerto sin descendencia. Los grandes poderes mundiales mueven ficha para que la Corona española quede bajo su área de influencia, porque España ya no es el imperio que fue, pero sigue siendo una potencia descomunal. Por un lado está Francia, que tiene a su favor el testamento real, porque Felipe de Anjou, nieto del rey francés Luis XIV, ha sido designado heredero por Carlos II, de quien era sobrino; Francia sueña con una alianza francoespañola que multiplique el poder de los Borbones y frene en seco a Inglaterra. Por otro lado está la coalición del imperio austriaco y de Inglaterra, el primero porque el Archiduque Carlos, igualmente sobrino de Carlos II, había sido designado sucesor con anterioridad, y los ingleses porque, evidentemente, temían la constitución de un bloque francoespañol. Podemos ahorrarnos el cruce de intrigas palaciegas y diplomáticas. El hecho es que en 1702 comienza la guerra; primero una guerra europea, después una guerra española.
En ese contexto de la Guerra de Sucesión, el 3 de agosto de 1704 se presenta ante Gibraltar una flota anglo-holandesa al mando del almirante Rooke. No viene en nombre de Inglaterra, sino del Archiduque Carlos; es decir, no es que los ingleses estén invadiendo España, sino que esa fuerza forma parte de los ejércitos de uno de los aspirantes al trono. La fuerza naval es importante: unos 900 cañones amenazan desde el mar. Las defensas de Gibraltar son exiguas: 80 soldados, un centenar de milicianos sin instrucción y 120 cañones de los que un tercio eran inservibles, al mando del sargento mayor Diego de Salinas. Los ingleses instan a la rendición en nombre del Archiduque. No obstante, como la mayor parte de España, incluido Gibraltar, ya habían prestado obediencia a Felipe V de Borbón, la fortaleza decide resistir. La flota anglo-holandesa bombardea a conciencia el peñón: cinco horas de cañoneo, unos 3.600 disparos. Finalmente la plaza se rinde. Es el 4 de agosto de 1704. Salinas no se rinde a los ingleses, sino a Carlos III de Austria, rey de España.
Pero es entonces cuando los ingleses hacen algo que, en rigor, sólo se puede considerar como un acto de piratería. El almirante Rooke, desobedeciendo las órdenes de su jefe, que es el Príncipe de Hesse Darmstadt, y aparentemente sin instrucciones directas de Londres, decide cambiar las tornas y tomar el peñón para la reina Ana de Inglaterra. Las tropas que habían tomado Gibraltar se entregan al asesinato, la violación y el saqueo. El Santuario de Nuestra Señora de Europa fue ultrajado; las imágenes sagradas, decapitadas. Los civiles, antes que someterse a los ingleses, prefirieron abandonar la ciudad; se refugiaron en la ermita de San Roque, y así nació la ciudad que ahora lleva su nombre. Allí se conservan las llaves de la vieja fortaleza gibraltareña.
Contra toda legalidad
Los españoles intentaron recuperar Gibraltar sucesivas veces desde aquel mismo año de 1704. Nunca fue posible. Inglaterra decidió aceptar el regalo del pirata Rooke. Después de todo, los ingleses ambicionaban Gibraltar al menos desde medio siglo antes, cuando Cromwell concibió el plan de tomar el Peñón y convertirlo en base para hacer guerra de corsario contra España. Cromwell no lo logró. Tampoco quienes, antes, habían lanzado sus barcos contra aquella roca española, como el pirata Barbarroja en 1540 o el almirante holandés Heemskerk en 1607. Gibraltar no cayó en una derrota militar, sino en una innoble trampa de trilero.
Como es sabido, el estatuto de Gibraltar se formalizó en 1713 el Tratado de Utrecht, que ponía fin a aquella gran guerra europea en cuyo interior se había librado la Guerra de Sucesión española. Aquel Tratado, en lo concerniente al Peñón, decía así:
“El Rey Católico cede por este Tratado a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillos de Gibraltar, (...) dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno. Pero, para evitar cualesquiera abusos y fraudes en la introducción de las mercaderías, quiere el Rey Católico que la dicha propiedad se ceda a la Gran Bretaña sin jurisdicción alguna territorial y sin comunicación alguna abierta con el país circunvecino por parte de tierra. (...) Y si se aprehendieran algunas mercaderías introducidas por Gibraltar, ya para permuta de víveres o ya para otro fin, se adjudicarán al fisco y serán castigados severamente los culpados. (...) Si en algún tiempo a la Corona de la Gran Bretaña le pareciere conveniente dar, vender, enajenar de cualquier modo la propiedad de la dicha Ciudad de Gibraltar, se dará a la Corona de España la primera acción antes que a otros para redimirla.”
Aquello era, ciertamente, una borbónica bajada de pantalones, pero sólo hasta cierto punto. Primero, España no aceptaba la legitimidad de la captura inglesa de Gibraltar. Además, la cesión quedaba sometida a numerosas condiciones: la supresión del comercio entre la plaza y el territorio vecino, y el respeto por parte de Inglaterra del culto católico en la plaza. Desde entonces, y va ya para tres siglos, los ingleses han incumplido reiteradamente ya no sólo la legalidad, sino sus propios compromisos.
Tan evidente es que los ingleses no tienen razón, que en la propia Gran Bretaña han abundado los testimonios de gentes muy relevantes a favor de que Gibraltar vuelva a España. El general Sir Robert Gardiner, gobernador de Gibraltar, decía en 1856: “¿Cuáles deben ser los sentimientos de todos los españoles con esta noble Roca a la vista siempre, ocupada por extranjeros?”. John Bright, político liberal británico, denunciaba en 1862: “El Peñón de Gibraltar fue tomado y retenido por Inglaterra cuando no estábamos en guerra con España y su apropiación fue contraria a todas las leyes de la moral y del honor”. William C. Atkinson, hispanista escocés, reconocía en 1954: “La toma de Gibraltar en 1704 fue un acto de piratería”. Arnold J. Toynbee, historiador británico, se preguntaba en 1966: “¿Le agradaría al pueblo británico ver una fortaleza rusa o china en Land’s End o en las islas del Canal?".
La ONU definió en 1964 el estatuto de Gibraltar como colonia, lo cual debería haber implicado ya su devolución a España. Hoy se dice que en un entorno político como el de la Unión Europea, la reclamación española sobre Gibraltar ya no tiene sentido. En realidad, lo que no tiene sentido es la pervivencia de una colonia inglesa en suelo español. Porque el Peñón es suelo español… robado por un almirante inglés que traicionó la confianza de un pretendiente del trono de España. Gibraltar no puede ser moneda de cambio con ningún otro territorio. Gibraltar es, sencillamente, España.
José Javier Esparza
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