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jueves, 21 de febrero de 2013

domingo, 3 de febrero de 2013

miércoles, 11 de julio de 2012

Para los que fueron y jamás volvieron...


En el delirio de combate escucho tu voz,
en la caricia de fusil siento tu dolor,
en el cantar de las balas penetra tu olor,
en la senda de la gloria eres de mi llama portavoz.


Ni mil victorias conseguirán
cubrir el silencio de mi soledad.
No me importa morir o sentir la enfermedad,
porque sé que tus pensamientos fieles a mis pasos seguirán.


Entre niebla y niebla debes combatir,
entre dolor y frio al enemigo has de abatir,
entre lágrimas de fondo oyes mi fiero silencio.


Siento tu cercanía, escucho tu cansancio,
siento la bala partir tu brava materia viva,
siento desde el adios tu amor de alma afectiva...

lunes, 23 de enero de 2012

martes, 31 de mayo de 2011

sábado, 19 de marzo de 2011

Los que aqui han muerto para que España viva.



General Agustín Muñoz Grandes, uno de los dos españoles condecorados con la cruz de hierro.

“Cuando regreseis a España y nuestras gentes se os acerquen con el natural afán de saber de nuestra vida en Rusia, jamás les hableis de vuestras propias heroicidades, sino de las gloriosas hazañas que realizaron los que aquí han muerto para que España viva”.

jueves, 17 de febrero de 2011

Juventud Patriota de Madrid. Día de los caidos por Europa 2011


El sábado, día 12 de Febrero más de doscientos cincuenta patriotas se dieron cita en el Cementerio de la Almudena, Madrid, para rendir un sentido homenaje a todos aquellos que dieron su vida por Europa. A los que cayeron luchando contra la opresión comunista, a quienes fueron víctimas del terrorismo aéreo de las democracias liberales y a las víctimas de la represión tras la derrota europea de 1945, también a todos aquellos que, hasta nuestros días, han sido asesinados por las tramas terroristas de las cloacas de los Estados. Culminaba una semana de promoción y actividades previas para organizar un acto a la altura de las circunstancias.

Poco antes de las seis de la tarde, los asistentes fueron congregándose en el parque anexo al camposanto, en perfecto orden y haciendo caso omiso del trapo provocador que unos energúmenos, que ni respetar a los muertos saben, habían colgado en la torre que custodia la entrada al recinto. Dichos indeseables habían profanado alguna sepultura con su inmundicia, hecho execrable que fue rápidamente subsanado por la organización.

Dos banderas negras habrían la comitiva y un bombo daba el sentido fúnebre a la marcha que atravesaba en una gris tarde, el Cementerio de la Almudena.
Tras la tradicional pancarta con el lema “Honor y Gloria a los Caídos en defensa de Europa”, se repartieron entre los asistentes al acto carteles con fotos de hombres que murieron en la defensa de nuestro pueblo. Hombres de las más diversas naciones de nuestra Madre Patria Europa, hombres que han venido a dejarnos su legado de sacrificio y abnegación.
Una vez llegado al Monumento-Panteón de los Caídos de la División Azul a todos nos impresionó un magnífico mural realizado por dos veteranos camaradas madrileños, que con su originalidad y perseverancia están dando aires nuevos al activismo nacionalista de la capital. El mural contenía la siguiente leyenda: “…PARA UN MUNDO SOMBRÍO LLEVAMOS EL SOL. PARA UN CIELO VACÍO LLEVAMOS A DIOS.”

Cuando la marcha llegó a los pies del Monumento-Panteón y del mural comenzaron a brotar las notas del Himno de la División azul desde el equipo de megafonía.

Dieron paso las intervenciones de J. L. Vázquez, M. Sardinero y F. Martínez. En vibrantes discursos hicieron un repaso a las gestas de quienes dieron su vida por Europa y contra la tiranía comunista y los impunes crímenes de guerra de las democracias liberales que hoy nos gobiernan.
Tras cantar “Primavera” (versión del grupo nacionalista Toletum) se dio por finalizado el acto, regresando los asistentes a sus destinos en perfecto orden.

Desde la Juventud Patriota de Madrid queremos agradecer a todos aquellos que se acercaron al Cementerio de la Almudena su asistencia, especialmente a los muchos procedentes de fuera de Madrid. También queremos mostrar nuestra gratitud a todas personas que han colaborado y trabajado por llevar este acto a buen puerto. Y finalmente, queremos felicitar a la concurrencia por su comportamiento correcto e intachable.

Juventud Patriota de Madrid. 


También Toledo estuvo presente en este importante acto, la crónica en imágenes enviadas por el camarada D.




jueves, 10 de febrero de 2011

El gaditano al que saludó Hitler

Interesantísima la historia, no dejeís de leerla.

José González Rodríguez, 89 años, historia de uno de los últimos soldados andaluces vivos de la División Azul

 El 20 de abril de 1943, Adolf Hitler visita el hospital de la Luftwaffe en Berlín para saludar a los soldados heridos en combate. Es una de las costumbres del führer el día de su cumpleaños. En una de las habitaciones, junto a seis pilotos alemanes, hay un español que se recupera de un tiro en la cabeza. En un principio, Hitler no repara en él, piensa que es un italiano. Pero, tras pasar de largo, alguien le indica que se trata de un español y Hitler vuelve sobre sus pasos. Un retrato de Franco cuelga de la pared. 'Wie geht es Ihnen?' (¿Cómo estás?), le pregunta. 'Gut' (bueno), le responde el soldado, cuyo nombre era, es, José González Rodríguez, soldado de la División Azul.

Aquel fugaz encuentro entre Hitler y el soldado González fue el final de una aventura que comenzó dos años atrás, cuando éste decide alistarse como voluntario en la mayor división extranjera que luchó del lado de los alemanes en la guerra contra Rusia. José González, 89 años, nos recibe en su casa de la calle Antonio Machado de Cádiz con la Medalla al Sufrimiento por la Patria en la solapa de su chaqueta, una de las pocas condecoraciones que conserva quien llegó a recibir la Cruz de Hierro de segunda clase por su valor. En su frente, sobre su ojo izquierdo, el agujero del impacto de una bala que, milagrosamente, le atravesó la cabeza sin causarle la muerte. Es una cicatriz profunda, en la que cabe la yema de un dedo. Sentado en el sillón de su casa, habla despacio y con lucidez. ¿Por qué decidió alistarse? 'No lo sé, me enteré que se había organizado la División Azul y yo compartía unos principios que ahora dicen unos que están equivocados... pero Leningrado, que yo sepa, ya no se llama así'. Como muchos otros voluntarios, José González quiere dejar claro que no fue a luchar a Rusia a favor de los alemanes, sino 'contra el comunismo', pero nuestro protagonista introduce una matización más: 'Contra el comunismo estaliniano'. ¿Qué le dijeron sus abuelos cuando decidió alistarse? 'Quería vivir intensamente, ser yo. Nunca pensé en qué pensaban los demás. Y me fui a la guerra, que era lo contrario de todo eso'.

Y en julio de 1941, como harían otros 46.000 españoles a lo largo de los siguiente catorce meses, José tomó el tren que llevaba a la guerra. 'Era un tren bueno, muy cómodo. Hicimos casi todo el trayecto cantando', recuerda, al igual que tiene muy vivos los gritos, vivas y cánticos que recibían los soldados españoles de la División Azul. En Hendaya los desinfectaron y les dieron uniformes alemanes, más completos que los españoles, aunque se produjo un problema con las banderas en las guerreras. 'Muñoz Grandes dijo que nuestra única bandera era la española y que sólo juraríamos sobre ella', dice el gaditano, que más adelante reconoce: 'El equipo alemán llevaba de todo, hasta una tienda de campaña, pero pesaba 30 kilos. Los españoles nos deshicimos de parte del equipo para caminar con menos peso que los alemanes. Cambiábamos mochilas alemanas por tabaco'.

Les iba a hacer falta soltar lastre. Desde el campamento alemán hasta el frente ruso, mil kilómetros, el camino se haría andando, a razón de 50 kilómetros diarios. Bastaron dos o tres meses, según los casos, de adiestramiento, para partir al frente. 'Nos mandaron al peor sitio -rememora José- porque para un gaditano estar a treinta bajo cero es terrible'. El frío. Ésta es una constante en los relatos divisionarios y González no es una excepción. 'Un ruso -cuenta- nos enseñó un truco para combatirlo: desnudarse, untarse el cuerpo con nieve, secarse y volver a vestirse'.

La guerra 'contra el comunismo' llevó a José González hasta el frente de Leningrado, al lago Ladoga, a Novgorod, al Voljov, al lago Ilmen, a Puschkin y a Krasny Bor, todos nombres míticos de la División Azul. La memoria de José guarda recuerdos nítidos de historias en cada una de esas ciudades. En Puschkin, unas mujeres rusas eran obligadas a quitar nieve de las carreteras por los alemanes, lo que produjo un incidente con las tropas españolas. 'Nuestro capitán, el capitán Marzo, les dijo que eso no lo consentíamos en España, que nosotros no tratábamos a las mujeres como esclavas, y los alemanes nos apuntaron con sus fusiles'. Es uno de los miles de episodios que se cuentan de las buenas relaciones entre españoles y el pueblo ruso. En este momento se le iluminan los ojos. 'Malenky', repite varias veces. Es el nombre de una joven rusa que le dejó una huella tan profunda como una bala, aunque asegura que no hubo nada 'serio' entre ellos. La guerra no lo permitía. Malenky murió en un bombardeo. Empezaron pronto las escaramuzas y él, que nunca había probado un cigarro, empezó a fumar. 'Fumaba de miedo', reconoce. Su primer contacto con el frente lo resume con esa palabra: miedo. Esas primeras escaramuzas serían poca cosa comparadas con lo que se avecinaba en Krasny Bor, el principio del fin de la División Azul, la mayor masacre desde el desastre de Annual en 1921. Le habían dicho que estaba en un grupo 'antitanque' y aquella palabra le impresionó tanto que llegó a pensar: 'Dios mío, dónde me han metido'.

En las trincheras o los cuarteles, José y sus camaradas no dormían. 'Aprendimos que cuando se oye el silbido, la bala ya ha pasado. El miedo es el silencio. Cuando hay un tiroteo no se piensa en nada. El silencio de las trincheras es terrible, porque te da opción a pensar y pensar es el mayor enemigo del soldado. Pensar da miedo'. Su hora pudo haber llegado en varias ocasiones, cuenta sus vidas y ha superado las del gato: el día que una bala atravesó la cabeza de un compañero que se sentó en el sitio que ocupaba momentos antes en una ametralladora; el día que un joven ruso aterrorizado cruzó las líneas y a sus espaldas le pidió pasarse a las filas alemanas ('me pudo haber matado, no lo vi') o el 22 de febrero de 1943, en la batalla de Krasny Bor. Relata José aquel infierno, aquel caos, con precisión. 'Vi volar compañeros destrozados a mi lado. No podíamos abarcar todo ese terreno. Era todo desconcierto, no sabías si avanzabas o retrocedías. Amanecía y, a las tres horas, anochecía. Una larga noche con 200 baterías disparando. Yo buscaba boquetes de proyectiles en la tierra y allí me refugiaba...' .

Milagrosamente, sobrevivió a Kransy Bor. Días después, en un lugar más tranquilo, 'hubo un golpe de mano ruso y me pegaron un tiro en la cabeza. Al principio no me di cuenta, seguí a lo mío. Luego, caí'. Lo recogieron y lo llevaron a un hospital de campaña, de ahí a otro en Riga y de éste a Berlín, donde su guerra, ya acabada, se cruzó con la de Hitler, que ya sedespeñaba.

El regreso de José González a España no fue como su partida. Los trenes que lo devolvieron a su país, en repetidos trasbordos, no eran tan cómodos. Nadie le esperaba, nadie vitoreaba. Y el escenario que encontraría, con una Alemania a punto de perder la guerra y una España a punto de renegar del Reich, tampoco era el que esperaba. No se arrepiente. 'Me honro en haber pertenecido a la Historia. Eso no hay quien lo borre', sentencia setenta años después. Guarda silencio, menea la cabeza y susurra ante las fotos de su juventud: 'Dios mío, parece que lo estoy viviendo'. De sus labios salen nombres como una letanía. 'Uf'. Se enjuga una lágrima. 'Perdón, ¿quieren tomar algo?'. Sobre la mesa camilla reposa esa instantánea de un veinteñaero con una venda en la cabeza, sonriendo junto a un alemán. Ese chico pasearía semanas después por un Berlín reventado. Faltaba poco para que el hombre que le preguntó 'Wie geht es Ihnen?' ingiriera, no muy lejos de aquellas calles destripadas, una cápsula de cianuro.

Nosotros nunca os olvidaremos!

miércoles, 9 de febrero de 2011

viernes, 4 de febrero de 2011

0% Racismo, 100% Identidad.


Ampliarla a más tamaño para ver una sección de la 250 División, más conocida como división azul, y a uno de sus miembros, os sorprende? 0% Racismo, 100% IDENTIDAD!

miércoles, 2 de febrero de 2011

Capitán Urbano Gómez.


 El capitán Urbano Gómez García, miembro de la Vieja Guardia de León, se alistó a la División Azul en octubre de 1942, pasando a mandar una compañía del Regimiento 263. Su madrina de guerra fue Pilar Primo de Rivera, que le obsequió con un banderín rojo y negro.
Krasny Bor. En la tarde del 11 de febrero de 1943, los pesados tanques soviéticos avanzan contra las líneas españolas. El capitán Urbano ordena a sus hombres que permanezcan a cubierto. El oficial legionario corre contra los blindados, avanzando entre los bosques, sonriendo entre las balas, asciende a la torreta de un tanque y deja caer en su interior un racimo de granadas, salta y, a pesar de estar herido, se enfrenta contra otro coloso de acero ruso y repite la maniobra casi suicida con éxito. En apenas unos minutos, un hombre solo ha destruido dos tanques. Sin artillería, sin medios antitanque. Los soviéticos se retiran. El capitán es hospitalizado. Y se reincorpora al frente.
Al disolverse la División Azul, se alistó a la Legión Azul combatiendo, hasta ser repatriado a España, en mayo de 1944.
En la imagen, nuestro capitán luce en su brazo derecho dos emblemas de destrucción individual de tanques sobre el escudo de España; en el ojal lleva la cinta de la Cruz de Hierro de segunda clase; sobre el bolsillo izquierdo ostenta la Cruz de Hierro de primera clase y la Medalla de Herido, por encima, el emblema de la Legión española.

domingo, 30 de enero de 2011

DIVISIÓN AZUL operación predador.



La Asociación ADARH, reconstruye las acciones de la Blau en Rusia. Un puñado de españoles enamorados de nuestra más bella historia y de la memoria de aquellos españoles que combatieron el comunismo en su propia tierra…

El 12 de Febrero...


viernes, 28 de enero de 2011

domingo, 26 de diciembre de 2010

Emilio Estéban Infantes.


 Un héroe al que admirar, su vida estuvo muy ligada a nuestra ciudad por diversos motivos, entre ellos que nació en Toledo y realizó aqui sus estudios militares.

Sirvan estas humildes palabras para homenajear a quien fue el sucesor del general Agustín Muñoz Grandes, en el mando de la División Azul el 12 de diciembre de 1942 a las puertas de la Batalla de Krasny Bor. Fue condecorado con la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro, siendo uno de los 43 extranjeros que recibieron esa condecoración durante la Segunda Guerra Mundial.


Algo de su biografía:

El sustituto de Muñoz Grandes poseía una brillantísima hoja de servicios. Había nacido en 1892, un 18 de mayo en Toledo. 

En 1907 ingresó en la Academia de Infantería. Su carrera, como la de tantos otros, estaba unida a África, a Marruecos. A los veinte años ya era capitán y por méritos de guerra llegó a teniente coronel. Hombre de Estado Mayor fue designado por Franco como profesor de la Academia de Zaragoza en 1928. Contrario a la República, el Alzamiento le sorprende en Madrid donde salva la vida milagrosamente. Por fin, logra llegar a Burgos donde inmediatamente se pone a las órdenes del Ejército Nacional. Su participación en la sublevación del general Sanjurjo en 1932 le hubiera valido la pena de muerte en la zona Republicana de haber sido capturado.
 

Durante la Guerra Civil desempeñó puestos transcendentales. Al frente del Estado Mayor del Cuerpo de Ejército de Castilla tuvo que hacer frente a la ofensiva de Brunete. Volvió a destacar como hombre de Estado Mayor en las operaciones de Teruel. En línea asumió el mando de la 5ª de Navarra. Por su actuación durante la guerra obtuvo la Medalla Militar individual. En mayo de 1940 ascendió a General de Brigada desempeñando sucesivamente las jefaturas del Estado Mayor del Ejército de Marruecos y de la IV Región Militar. Amigo personal de Varela, pidió una y otra vez su destino a Rusia. 

Su llegada al frente ruso fue desafortunada y tensa. Muñoz Grandes era más que un general, era un ídolo entre sus hombres y sustituirlo no era nada fácil. Los jefes alemanes eran reacios a la presencia de Esteban Infantes. Los informes germanos lo calificaban de anglófilo. Tuvo que soportar algunos meses de ostracismo desempeñando misiones secundarias que le sirvieron para familiarizarse con el frente y la tropa. Al frente de la División se comportó como hombre de Estado mayor, como un gran planificador. No era el general de empuje que se necesitaba en 1941. La guerra en 1943 se adaptó a sus circunstancias y demostró su valía en la defensa de Krasny Bor. 


No era un político pero siempre se mostró orgulloso de haber participado en aquella campaña, como él mimo escribiera, sirvió para quebrantar el aislacionismo español y los pobres resultados obtenidos, desde el punto de vista militar, por las desastrosas salidas militares españolas al exterior durante el siglo XIX . Por su labor al frente de la División, Hitler le concedió la Cruz de Hierro y la Cruz de Caballero de l misma. En atención a sus méritos como jefe de la División en España se le concedió la Medalla Militar individual. 

Ref. La Div. Azul 50 años después.




En esta imágen vemos a Estéban Infantes dándole la mano a Adolf Hitler